Cumplir los 18 sin red: retos invisibles de jóvenes migrantes hacia la emancipación

Tras su paso por el sistema de protección, muchos jóvenes migrantes se enfrentan a la vida adulta en España sin apoyos familiares, con escasos recursos y múltiples barreras administrativas y sociales. Desde los Hogares de Emancipación, tratamos de dar respuesta a una realidad compleja que, en demasiadas ocasiones, permanece invisible

Desde los Hogares de Emancipación de Cullera acompañamos a jóvenes en un momento clave de sus vidas: el paso a la vida adulta. Nuestro trabajo no se limita a cubrir necesidades básicas, sino que implica estar presentes, generar vínculo y ofrecer apoyo constante. Tal y como decía Marcelino Champagnat, “para educar hay que amar”, y esta idea guía nuestra intervención diaria. Como nos comparte uno de los jóvenes: “Para mí, el Hogar es mi familia aquí en España”.

Falta de referentes familiares

Muchos de los jóvenes con los que trabajamos alcanzan la mayoría de edad sin una red de apoyo en España. No cuentan con familiares cercanos ni con adultos de referencia fuera del recurso. Esto implica que decisiones importantes deben afrontarlas prácticamente en solitario. Nosotros tratamos de convertirnos en ese apoyo, acompañando y orientando en cada paso.

Barreras idiomáticas

El idioma supone una barrera constante. Desde entender una entrevista hasta realizar gestiones, la falta de dominio limita sus oportunidades. Aunque vemos avances muy rápidos, el tiempo siempre juega en su contra y requiere un esfuerzo añadido por su parte.

Situación administrativa irregular

Muchos jóvenes llegan a la mayoría de edad sin tener regularizada su situación. Esto dificulta enormemente el acceso al empleo y genera incertidumbre constante. Nos encontramos acompañando procesos burocráticos complejos que condicionan su futuro inmediato.

 

Falta de recursos económicos

La falta de ingresos estables obliga a priorizar la supervivencia diaria. Los gastos básicos son un reto constante y el ahorro, clave para la emancipación, resulta complicado de conseguir en este contexto.

Dificultades formativas y laborales

Las trayectorias educativas interrumpidas condicionan el acceso a empleos de calidad. Trabajamos con ellos itinerarios personalizados para mejorar su empleabilidad. Como expresa uno de nuestros jóvenes: “Gracias al apoyo del Hogar y de la Fundación Marcelino Champagnat, he podido ir consiguiendo mis objetivos”.

Racismo y discriminación

En nuestro día a día también abordamos situaciones de discriminación. En la búsqueda de vivienda, algunos jóvenes reciben negativas por su origen. Hemos comprobado cómo, ante la misma llamada, la respuesta cambia dependiendo de quién llame. También intervenimos en situaciones injustas, como la acusación a un joven de haber robado en un supermercado. Estas experiencias afectan profundamente a su autoestima. Como ellos mismos dicen: “Mucha gente se piensa que todos los extranjeros somos iguales, que venimos a robar... venimos a trabajar y ayudar a nuestras familias”.

Nuestro trabajo conecta directamente con el legado de Marcelino Champagnat, quien dedicó su vida a acompañar a jóvenes vulnerables, ofreciéndoles educación, cuidado y oportunidades. Salvando las distancias, en los Hogares de Emancipación tratamos de continuar esa misión en el contexto actual.

A pesar de las dificultades, vemos resultados esperanzadores. Tras su paso por los Hogares, muchos jóvenes consiguen empleo, estabilidad y una vida digna. Siguen en contacto con nosotros, vuelven a visitarnos y participan en actividades. Ese vínculo que se mantiene en el tiempo es, sin duda, el mejor reflejo del sentido de nuestro trabajo.

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