Dedicamos este artículo a esas personas que acompañan, escuchan, enseñan y caminan junto a quienes más lo necesitan. Entrega, compromiso y dedicación
La Fundación Marcelino Champagnat Málaga se sostiene sobre personas. Personas que acompañan, escuchan, enseñan y caminan junto a quienes más lo necesitan. En el centro de esa misión está el voluntariado, una presencia imprescindible que da vida a los proyectos y sentido al compromiso social y educativo de la Fundación.
Ser voluntario o voluntaria en la Fundación no es solo colaborar en una actividad concreta, es formar parte de una comunidad que educa en valores, genera oportunidades y construye futuro. Así lo expresa Adrián, voluntario en el programa de Cáritas, quien destaca el crecimiento personal y humano que vive en su experiencia:
“Mi experiencia en la Fundación está siendo muy buena, ya que tanto a nivel personal como profesional he aprendido y crecido, enseñando a los chicos no solo asignaturas con sus respectivos contenidos, sino también los valores esenciales de la vida que tiene que adquirir y desarrollar cada humano para ser una persona de bien en un futuro.”
Ese aprendizaje compartido se traduce en una vivencia profundamente enriquecedora, que muchos recomiendan a otras personas. Adrián lo tiene claro:
“Es una experiencia muy enriquecedora, por ello la recomiendo a todas las personas que puedan optar al voluntariado y ayuden en lo que puedan a los más necesitados”.
En los programas de oposiciones, el voluntariado se caracteriza por la constancia, la paciencia y el acompañamiento a largo plazo. Mari Carmen lleva doce años vinculada como voluntaria y su testimonio refleja fidelidad y compromiso incluso en los momentos más complejos:
“Son muchos los que han aprobado sus oposiciones y ver sus caras cuando saben que han aprobado… eso no tiene precio”.
Agripina, compañera inseparable de este camino, pone palabras a la satisfacción que nace del esfuerzo compartido:
“Me quedo con la satisfacción de sentirme querida por los usuarios y por el equipo educativo. Me quedo con la alegría de cuando toman posesión de su puesto. Todos los sacrificios valen la pena”.
En los proyectos de acompañamiento a la infancia, el voluntariado se convierte en presencia cercana, apoyo constante y referente educativo. Macarena, voluntaria en Cáritas, resume su experiencia como una oportunidad de crecimiento personal y de puesta en práctica de valores fundamentales:
“Ha sido una oportunidad para aprender, crecer a nivel personal y poner en práctica valores como la solidaridad, el compromiso y el trabajo en equipo.”
Ese mismo sentimiento de crecimiento interior lo comparte Ángel, voluntario en oposiciones, quien destaca el clima humano que se vive en la Fundación:
“Ayudando a estos chicos recibo tanta felicidad o más que la que yo aporto. El trato con los compañeros y el equipo educativo es magnífico. Su predisposición y buen ambiente se contagia”.
Para muchas personas, el voluntariado es también una forma de vivir la fe y el compromiso cristiano desde lo cotidiano. Virginia, voluntaria en Cáritas, lo expresa desde la experiencia del acompañamiento a los más pequeños:
“Ver crecer a los niños es el mejor regalo. Acompañándolos con tiempo, cariño, escucha y fe, siento que siembro esperanza y descubro que, al servir a los más pequeños, recibo mucho más de lo que doy”.
Manuel, voluntario de la preparación de la ESA, define el voluntariado como la culminación de toda una vida de servicio, profundamente ligada al carisma marista:
“Lo más noble del ser humano es ayudar a quien lo necesita… y todo esto desde el carisma de Marcelino Champagnat que me acompaña desde los 6 años hasta mi jubilación”.
Ese sentimiento de pertenencia y entrega total lo resume de forma especialmente emotiva Manolo, voluntario en oposiciones, quien describe la Fundación como su casa:
“Ser voluntario es dar vida, es ser sal y luz. Es sembrar dignidad y futuro donde otros solo ven discapacidad. Y serlo en la Fundación… en mi casa, siempre lo ha sido”.
Siguiendo el espíritu de Marcelino Champagnat, el voluntariado es presencia sencilla, compromiso fiel y amor puesto en acción. Es caminar junto a quienes más lo necesitan y descubrir que, en ese camino compartido, todos crecemos. Porque educar, acompañar y servir es, hoy más que nunca, una forma concreta de construir esperanza.
Desde la Fundación Marcelino Champagnat Málaga queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a todas las personas voluntarias que, con generosidad y constancia, hacen posible esta misión. Gracias por vuestro tiempo, vuestra entrega y vuestra cercanía; gracias por ser presencia que acompaña, manos que sostienen y corazón que impulsa cada proyecto. Vuestra labor transforma vidas y mantiene viva la esencia de nuestra Fundación.